EL DESPERTAR DEL KARATE SECRETO.

EL 
DESPERTAR 
DEL
KARATE SECRETO
                                             
                                             
Felix Bargados.


“La consciencia es la luz clara del corazón en las tinieblas”

La vida del hombre corriente se esfuma pensando cosas, mientras hace otras cosas.
Pero lo peor es que, el hombre común suele pasar por la vida montado a lomos del inconsciente sin ni siquiera saber qué es.
Se cuenta que un psiquiatra despide a la paciente:
-Bueno señora, el próximo día trabajaremos con el inconsciente.
Y ella responde
-¡¡¡Ay no, no creo que mi marido pueda venir!!!

El inconsciente está en nosotros, inconsciente incluso de ser inconsciente.
Porque si el cristal de la ventana es oscuro, uno no puede ver nada con claridad.
Ese cristal oscuro de la inconsciencia hace que, por ejemplo, el hombre trabaje mientras piensa en descansar.
Descanse mientras piensa en trabajar.
Realice un Kata mientras piensa como se hace el Kata.
O incluso, puede que una vocecita interior le vaya susurrando, muévete a la derecha, defiende. Ahora a la izquierda . Ataca.
Todo lo dicho anula la fresca consciencia y nos torna en unos dormidos despiertos.

En los artes marciales de altura, se recomienda ser puro como la flor de loto.
La flor de loto nace del barro pero no se ensucia nunca con él. De hecho ni siquiera la toca.
La flor de loto recibe el agua de lluvia y su pátina la deja resbalar por los pétalos, sin que ni siquiera la toquen.
La flor de loto se mantiene ante las tribulaciones, con una pureza diamantina.
De igual modo, la mente debería no ser tocada por los estigmas del pensamiento ni del sentimiento.
Es denominada entonces no-mente, que no es lo mismo que no tener mente.
No-mente es la percepción clara y viva que da pie a la fluidez, la continuidad, el cambio, la no-resistencia… y que anima a todos los artes marciales de alta alcurnia, y  también al KARATE.
La mente en KARATE debería estar pura, libre del apego a la polvareda de pensamientos o sentimientos.
Pura como un espejo.
Un espejo que lo refleja todo y no atrapa nada.
El espejo refleja TODO lo que pasa frente a él.
Pero cuando el objeto en cuestión se aleja no necesita seguir reflejándolo.
No quedan marcas ni huellas en el espejo.
La mente-espejo no necesita reflejar nada.


El artista marcial, vive sonámbulo entre el deseo y el temor de despertar. Así, es frecuente percibir como el artista marcial y el hombre en general, permanece dormido en sus pensamientos, durante el MOKUZO (meditación al principio de una sesión) y durante el TEGUMI (encuentro de manos pegajosas) o en cualquier situación.
Es más, todos estamos dormidos mientras caemos en los brazos de Morfeo, y también estamos medio-dormidos cuando estamos despiertos.
Quiero decir con esto que el estado de vigilia es sumamente frágil.

Nuestro pensamiento nos deja tocados con cierto descenso del rendimiento en KARATE. Cuando sabemos las técnicas de memoria, funcionamos como un autómata que piensa otras cosas. Cuando intentamos aprender algo, funcionamos estresados pensando, cavilando, como una máquina registradora
La inconsciencia continua supone que, cada una de las tres facultades del hombre: acción, pensamiento, sentimiento va en una dirección diferente, haciendo lo que haya que hacer mientras pienso en hacer otra cosa y siento que no me gusta estar ahí. Y así perdemos el equilibrio interno.
El equilibrio espiritual.
 Del mismo modo, todo sufrimiento en la vida se desarrolla en un escenario marcado por el imperio del pensamiento que nos torna en un agobiante estado inconsciente.

Ahora bien, las buenas noticias son que, cuanto más conscientes nos volvemos más traumas internos se curan y más se afianza la salud de la persona.
Cuanto más despiertos estamos más disminuyen las prisas, el temor, la ira, el odio y todas las emociones negativas.
Y paralelamente pero en sentido contrario, cuanto más despiertos, más brillamos con una bella energía que nos da fuerza. Y, gozamos de una energía y vivacidad en aumento.
Despierto supone estar más vivo.
Más energético.
Más poderoso.


El buen artista marcial, de talento elevado, aprende a ser espontáneo, y lo será en la medida en que está despierto.
El despertar es el camino de la espontaneidad tan necesaria, imprescindible para desarrollar la cristalina “mente de combate” durante el entrenamiento de TEGUMI y para las KATA bien hechas, o la “mente para vivir más feliz” la mente despierta como el agua cristalina que alborea en la candorosa nieve de las encumbradas cimas.
Nunca se ha subrayado lo suficiente que, estamos vivos en la medida en que estamos despiertos.
El despertar es el camino de la vida.
Normalmente cuando una persona realiza una técnica de KARATE, es consciente, en el mejor de los casos, de la técnica que está haciendo, pero no es consciente de quien la está haciendo. Lo que convierte al ejecutante de la postura en un personaje tan irreal e insustancial como las fantasías sobre las que se desliza.
Hay que desarrollar por tanto, una presencia continua mientras se es consciente de que uno mismo es el que hace tal o cual cosa hermosa.
Estos nuevos instantes de plenitud, despiertan sin duda el aliento de cada eterno presente.
Pero la consciencia es el suceso mental mediante el cual la mente se observa a si misma y a todo lo demás. Por eso es imposible barrer los pensamientos molestos que nublan la consciencia, porque en la mente no hay nada más que la mente. Y que la mente trate de controlarse a sí misma por medio de si misma, sería como lavar sangre con sangre, o como perseguir al ladrón tocando el tambor.
Aunque no debemos de preocuparnos, hay un método sencillo que propone el ARTE MARCIAL para encontrar la frescura clara de la consciencia. Sin embargo, para ello será necesario explicar como se desarrolla el suceso perceptivo de la consciencia.
Y para tal fin, pondremos el prosaico ejemplo en el que  “yo me como una gamba”.
Según yo alcanzo a comprender, en el proceso de comer una gamba tenemos tres áreas de la percepción:

AREA PERCEPTIVA Nº1.-   “La gamba”

AREA PERCEPTIVA Nº2.-    “Yo”
Para decirlo con otras palabras, lo que ocurre en mi interior mientras como la gamba, las emociones y pensamientos que se desarrollan mientras como la gamba.

AREA PERCEPTIVA Nº3.-     “Yo comiendo la gamba”
El proceso entero. La consciencia propiamente dicha.


Pasemos esto a la realización de una técnica de karate. Un karateka ejecutando un gedan-barai:

AREA PERCEPTIVA Nº1.-   El gedan-barai

AREA PERCEPTIVA Nº2.-    El karateka.
Es lo que ocurre en el interior del karateka mientras realiza el gedan-barai, las emociones y pensamientos que se desarrollan mientras desarrolla la técnica.

AREA PERCEPTIVA Nº3.-    El karateka realizando el gedan barai. 
El proceso entero. La consciencia propiamente dicha. Como si observáramos todo el proceso desde atrás.

Volvamos a comer la gamba:
Las AREAS PERCEPTIVAS se ordenan en orden creciente, cada una engloba a la otra. La 2º engloba a la primera, y la 3º engloba a las otras dos.
La consciencia funciona como una linterna.
La luz es el foco de atención.
La linterna se encuentra enfocando desde la estación precedente. La linterna es la identificación de la persona, con lo que se identifica la persona.
Si soy consciente de la gamba. La luz enfoca la gamba, y la linterna que enfoca desde la estación perceptiva precedente, soy yo mismo. Me encontrare entonces identificado conmigo, con mis pensamientos y sentimientos, pero eso no es ser plenamente consciente.
Mientras que si la luz me enfoca a mí, la linterna se encuentra enfocando desde la estación perceptiva precedente, que es la nº3. Me encontraré identificado con todo el proceso perceptivo. Con la gamba, conmigo mismo y con el proceso entero.
Identificado con la estación nº3, estaré identificado con TODO el proceso global, que por supuesto gravita en torno a un centro. Me refiero al centro de la persona que está realizando el proceso.

De lo que hasta aquí se ha dicho, se sigue que, la filosofía en los senderos de las artes marciales antiguas conducen al horizonte de entendimiento que descansa en el supuesto confirmado de que todos “estamos controlados por nuestras identificaciones, pero controlamos aquello con lo que no estamos identificados”.
Al igual que la respiración, el acto de identificación es tanto voluntario como involuntario. Si nos identificamos con alguna de las dos áreas primeras, nuestra salud se pondrá a pique por el daño de la identificación.
La identificación con los sentimientos y pensamientos, hace que nos involucremos en ambos y que la huella que deja en nosotros nos haga daño.
Pero si nos distanciamos de esas dos estaciones poniendo el testigo de observación en la estación nº3 ¡¡¡PERO SIN PERDER EL CENTRO!!! se tiende a rebajar el nivel de tensión maligna, habrá disolución de todo daño, no habrá consecuencias negativas para la plaga que sufrimos en la vida actual, porque no estaremos identificados con el proceso cambiante de las estaciones nº1 o 2, y con la sobreexcitación neurótica que produciría. Tendremos la sensación de estar fuera de la cabeza. Estaremos por el contrario con la sensación en el centro del abdomen con la quietud de un centro en clama y como observando el conjunto desde atrás.
Esa es la sensación.
De modo que si miramos las cosas desde nuestro punto de vista, veremos sólo nuestro pensamiento analítico y nuestros propios sentimientos. Miremos las cosas desde nuestra espalda, con la sensación de centro, y descubriremos su verdadera naturaleza. Pues el pensamiento analítico y los sentimientos granjean prejuicios, mientras que la verdadera naturaleza es neutra y clara.
Y en esa naturaleza neutra y clara, desaparece la división entre  técnica y karateka. El karateka se pierde en la actividad hasta desaparecer él mismo (como ego).
Ya no se mueve, el movimiento se mueve sólo desde un centro en calma.
Esta técnica encarnada tiene lugar en el vacío más absoluto.
Un vacío que es el espacio de todas las técnicas.
Así es como el karateka, entregado en cuerpo y alma a la técnica, es como la flauta a través de cuyo corazón, la resonancia de las acciones se transforma en música.

Ahora, lo suyo es añadir que por muy extraño que parezca, despertar la consciencia no es nada extraordinario, sino más bien algo ordinario, aunque también hay que decirlo, es algo excepcional que no suele darse con frecuencia en el hombre común.

Cuando comienza a aurorar la consciencia, nuestro interior se armoniza porque pensamiento, sentimiento y movimiento, desnudos y sin disfraz, se unen al unísono en un solo fenómeno.
Cuando somos conscientes, todo lo indeseado se detiene.
El proceso de la consciencia es inversamente proporcional a la retirada de los sentimientos y pensamientos indeseados.
El cambio de uno por otro será automático.
Si ahora mismo lo experimenta podrá decir, “el pensamiento llamó a la puerta, abrió la señora consciencia y afuera no había nadie”.
De hecho, al ser conscientes, todo lo demás que no sea la consciencia pura no tiene cabida en nosotros. Es algo tan natural como la vida misma.
Eso me recuerda a la mujer que se dispone a hacer cierta necesidad entre dos coches, y en el momento que se siente observada se retirará a toda prisa.
El pensamiento se retira a la misma velocidad.
Y ahora debe reparase en que, cuando realizamos una técnica de KARATE, normalmente empieza a pulular el indeseable pensamiento.
Si cuando realizo la técnica, mientras piensoahora la derecha, avanzo y espiroen ese momento, la postura como tal, desaparece para mí porque se ha transformado en una mera representación mental. Ahora puedo juzgarla, pero la técnica ya no se explaya con la frescura diáfana de un puro despertar.
Pero cuando podemos hacer la postura sin verbalizar, esa consciencia fresca es MEDITACION. Estamos en inmaculada MEDITACION. Puro MOKUZO.
Y es cuando merece la pena añadir que, cualquier cosa que recreemos así será una MEDITACION. Fresca MEDITACION. Gozosa MEDITACION.
Toda la vida puede ser una MEDITACION.
Caminar es MEDITACION.
Comer una gamba es MEDITACION.
Todo es MEDITACION.
Vivir puede ser MEDITACION.


Te voy a alentar con un camino real y sencillo del despertar para la necesaria y casi urgente aventura de la consciencia. Una experiencia de un sol que hace desaparecer el invierno del espíritu.

Dicha experiencia se puede realizar mientras hace la “sentada” del MOKUZO al principio de la sesión, o se puede practicar mientras espera que un semáforo se ponga en verde.

Lo primero será disolver las tensiones de la parte superior del cuerpo con una espiración profunda como un suspiro interno.

A continuación toda la energía del pensamiento se instala en el cuerpo, es como cambiar pensar por sentir.

Dejar de parlotear en el interior y sólo ser.

Y ese “ser”, esa sensación se instala en el centro del abdomen.
Por último nuestro campo de consciencia se expande en todas direcciones y somos testigos de todo, incluso de nosotros mismos como si nos observásemos desde atrás.

Observarse desde atrás.
Con la sensación en el centro.
Sin perder el centro.
Nunca perder el centro.
Puro centro.


Pero si no lo logra, simplifique:
Simplemente observe.
Observar es MEDITAR.
Sólo observando, sin más detalles, también se llega.
No sea como ese conductor que se complicaba más de lo necesario con este argumento
-¿puede tomar el volante? tengo que rascarme en dos lugares al mismo tiempo.
Y siempre queda el consuelo de que, al igual que cualquier loco se empieza a curar de la locura cuando se sabe loco, ser conscientes de lo inconscientes que somos, es el camino de curación del alma. Si ni siquiera nos damos cuenta, no habrá vivencias.
Dijo una tonta a un tonto: -Nos casamos. Y el tonto responde  -¿con quién?
Pero si nos sabemos inconscientes,  ya estamos en el buen camino.
Ser conscientes de que somos inconscientes.
Conscientes de la inconsciencia.
 Eso ya es ser un poco consciente.


Concluyendo y sin ánimo de redundar, hagamos lo que hagamos, no convendría olvidar  que nos debemos observar con frescura intensa, desde atrás y con sensación de centro.
Sólo así nos encontrará la iluminación.
Esa simple sensación de ser uno mismo en plena forma.
 De ser un dilatado espacio interior de quietud.
Un vivo espacio interior de silencio.
Una energía interior en el centro del abdomen.
Y con esta nueva bonanza, todo lo que nos dominaba o atenazaba se disuelve.
 No hay que esforzarse, ni enfrentarse, ni luchar contra nada.
La vida del karateka se vuelve intensa en cada nuevo instante.
                       Artículo Original de Félix Bargados
                           Todos los derechos reservados.


El alma del Tui-Shou (1).

EL ALMA DEL
 TUI-SHOU (1)
Autor: Félix Bargados

                                            “Pensar no es función del decir, pensar es fuente del decir”

Me explicaré con la claridad más transparente y con la más generosa confianza que me permita mi humilde habilidad en el decir.

Y si me lo permite, a través de esta máxima y con un pequeño pero luminoso rodeo, llegaremos al entendimiento profundo del término “empuje de manos” (Tui-shou), y con suerte, a abrazar el espíritu del mismo y su vida secreta; que es lo que verdaderamente se pretende.
¡Ah! y de resultas, poner en su mente un concepto, de extrema sensibilidad, que está en mi mente, además de poner en su corazón un sentimiento, de tan vibrante vida, que está en mi corazón.

En principio, las personas nos comunicamos porque compartimos las cosas con las palabras. Pero para hablar de las cosas, según sugiere la teoría “denotacionista”, no tenemos que llevar a cuestas las cosas.
Sería muy costoso y muy bestia que para decir “caballo”, tuviera que llevar un caballo a cuestas y enseñarlo.
Somos seres inteligentes, y por tanto, el significado de un término lingüístico es su referencia objetiva en el mundo, o sea, el objeto.
Por ejemplo si digo la palabra “casa”, corresponde al objeto en cuestión. Es así como los términos se aprenden por medio de la “ostensión”: se pronuncia el término y se señala el objeto en cuestión.

Pero la famosa teoría “denotacionista”  sostiene,  y como pensar es fuente del decir, también el significado de un término es su imagen visual en la mente y como consecuencia, el poder de poner esa imagen en la mente de los demás. O sea, imagine un oso de color de rosa. Ya he usado el poder de poner un oso rosa en su mente y en la mente de todos los que lean esto. Es inevitable reconocer que, esta teoría de la denotación de imágenes no es nada desdeñable, de hecho, el mundo está lleno de osos rosas por todas partesY ahora más.

Pero ahora, las imágenes palidecen ante la poderosa sombra de los conceptos, porque si bien es cierto que no hay imagen sin palabra, también lo es que hay palabras sin imagen. Por ejemplo, la palabra “bueno” ¿a que imagen visual correspondería?

Esto es así porque en realidad, la palabra no es el primer engranaje de la cadena de comunicación. En realidad es el último.  La palabra presupone, bien un objeto, una imagen o en este caso, un concepto previo. Es decir, un pensamiento.
Entiéndase bien…
Pensar es fuente del decir.
Pensar no es función del decir.
Y entendido lo anterior, debo añadir que, decir no es sólo expresar la naturaleza de las cosas, sino más bien conceptos que despiertan emociones.
Si, ha oído bien, conceptos que despiertan emociones.
Y así como antes hemos puesto un oso rosa en su mente, en breve pondremos un “concepto rosado”, el de la fuente íntima del dicho : “empuje de manos”.

De todo esto deducimos que, decir es despertar emociones sobre las cosas, porque en general, comunicamos emociones más que razones. Somos animales emocionales más que animales racionales. De lo dicho se desprende que una palabra dicha como por ejemplo Tui-shou, más que evocadora de imágenes, es evocadora de conceptos y de sentimientos.

Tras esta pequeña digresión, y bien sentado lo anterior, entramos ahora en el terreno que pretendíamos desde un principio: entender más que palabras, entender qué se quiere decir con “empuje de manos” y llegar a su alma.

Tui-shou se traduce literalmente por “empuje de manos”, pero de una buena práctica y entendimiento del mismo, se abduce en base a la teoría “connotacionista”, un “doble sentido”. El de que ambas palabras sugieren una significación y una intencionalidad diferente a la suya propia.
 Y al igual que con el término “Platón” no queremos decir plato grande, ni con “endoscopio” que alguien copió en dos exámenes; lo que quiere comunicar “empuje de manos” no es la denotación ostensiva del hecho tan prosaico de empujar, sino otro más figurativo. De hecho no tiene ningún valor positivo ni es recomendable andar por ahí empujando a la gente como si la despreciásemos.

Pero lo cierto, es que es inevitable reconocer que, como resultado de la traducción literal “empuje de manos”, se ha difundido la grotesca idea de que estamos hablando de una actividad donde hay que empujar a los compañeros para desequilibrarlos y vencerlos con el desdén y arrogancia que se estila necesario.
 ¡Nada más lejos de la realidad! Eso reforzaría el alma detestable del ego y sería tan pedestre que no aportaría ningún valor, ya no digo espiritual, sino ni siquiera humanamente civilizado.
 Pero que sea un extravío evidente, no significa que no sea aceptado por muchas personas, porque en realidad, esta impostura inercial de conformidad lastimosa ha resultado ser pavorosamente fértil. Tanto y tan proliferante que me gusta describir como “la semilla absurda de un craso error, montado en la inercia de la resignación”.

Y todo porque las palabras conforman la opinión que le damos a las cosas.
Un tipo confiesa al juez:¾Señoría, lo siento, he cometido un asesinato “solidario”.
El juez responde: ¾Sin problemas, no se preocupe, si es “solidario”

Las palabras pueden confundirY de hecho confunden.
Sobre todo, confunden aún más si no se comprende que a veces transmiten conceptos sutiles o grandiosos en vez de simplemente cosas.
Y en este caso hablamos de un bello concepto espiritual, dentro de una palabra en cierto modo un poco chabacana. Un concepto benéfico, encorsetado dentro de una palabra un tanto maléfica. Un hermoso concepto dentro de una palabra indecorosa: “Empujar”.
Pero cuando uno no ha visto más empujes que los empujes despreciativos o los que intimidan a la gente, no puede imaginar otra cosa. Y es que nuestros “filtros mentales” sólo dejan entrar  la información que coincide con nuestras aberturas mentales. Imagine esos juegos de niños en los que hay que encajar unas piezas de colores con formas de triángulos, medias lunas, etc… en unas aberturas similares. La mente es igual, está limitada a lo que sabemos, pero hay que abrir el horizonte de la mente para sentir la fuente de todo decir (y todo hacer, y todo sentir) si se quiere comprender el Tai-chi-chuan.

Ahora vienen las buenas noticias que abren nuevos horizontes.
 No hay jaque si se conoce el peligro. Y comprender mal es también un peligro. Un peligro que ya no nos hace mella porque desde hace un tiempo hemos descubierto que la razón que justifica la denominación “empuje de manos”, es una razón conceptual.
Y así como decir es función del pensar…“empujar” es una alegoría de:
    “tocar”, “mover” o  de “trastocar” e incluso “desenraizar” o descentrar”
con acciones suaves que no necesariamente son empujes sino acciones prudentes y por cierto, muy bellas.
Es decir, que el hecho de empujar el eje central de la persona, es un concepto sutil  de una belleza humana específica, que supone colocarnos en un flujo continuo de retos y desafíos a fin de que nos persuada a enfrentar bien los chances de la vida.
Y esto, lo es simple y llanamente por un motivo de pura sensibilidad, pero también lo es de sana seguridad.  Salta a la vista que otro tipo de acciones más dramáticas como  por ejemplo un golpe que pudiese causar daño, serían  contrarias  a una finalidad sensible, como lo es armonizar en curvas fluidas ante intentos de tocar vaporosamente el eje central y no ser tocado, en una suave persecución a través de una esfera en vaivén.

En cuanto a la “mano”, piense que llamamos mano a una mano, pero la mano no sería mano, si fuera la mano por nosotros llamada.
En fin, que la mano es más de lo que llamamos “mano”.
Desde la entrada en escena del “homo hábilis”, la mano ha sido liberada de las piernas.
La tarea subalterna de estar en pie, ha pasado al dominio de las piernas, y esta, ha obrado entonces el milagro de liberar a su vez a la inteligencia y a la sensibilidad latente en el animal, a base de liberar las manos.
La mano del “homo sapiens” ha creado de este modo el mundo civilizado. Y cuando en ocasiones, la mano ha sido liberada del trabajo duro, nos ha conducido a la ampliación y el despertar de nuevos mundos del conocimiento, del arte y de la expresión sensible en general.
Con el tiempo, la mano ha llevado la expresión a sus más altas cotas, y se ha transformado en la expresión más profunda de nuestras emociones, y no hay más que observar los gestos manuales de alguien cuando se expresa. Pero también esta funciona a modo de antena detectora que puede captar información sensible, vibraciones y delicada energía.
Así es como el “homo sensible” del Tai-chi-chuan ha convertido a la mano en bello instrumento de conocimiento elevado.
Pero hay más profundidad en ello.
 Al igual que “empuje” es una alegoría de “tocar sensiblemente”, también “mano” es otra alegoría de “cuerpo entero que se expresa y siente”. Tal es el papel que desempeña en el Tai-chi-chuan  con el máximo rigor y efectividad.

Dicho lo dicho, casi podemos adelantar que “empuje de manos” se podría entender por: “sentir con el cuerpo la vida íntima y secreta del interior y el eje central del otro, y sentir la nuestra y el nuestro, para evitar ser desenraizado.
Y, tanto si el otro no fluye como es debido será tocado por nuestras manos o nuestro cuerpo sensible, asimismo nosotros seremos tocados por la energía desenraizante del otro si se pierde el flujo”.
Esta es la vía de auto-conocimiento que se desprende de la alegoría “empuje de manos”.

Todo esto desarrollado en un juego agradable donde LAS NORMAS son tan simples como divertidas:
“desenraizar el eje central” del otro y “no ser desenraizados del nuestro”. En definitiva, encontrar el eje central del otro y esconder el propio. Tan fácil es de comprender, como difícil es empujar una pelota que flota sobre el agua con otra pelota, porque los ejes centrales de ambas pelotas se esconden mutuamente al flotar y girar. Todo esto se traduce a nivel vivencial en conocer más al otro y con una levedad e incorporeidad  sin límites, no dejar nunca rastros de nosotros mismos.

El “empuje de manos” es un fácil juego de corazón a corazón, que recrea experiencias de éxito donde emana la calma, porque tiene como CONDUCTA PRINCIPAL: la “no-resistencia”.
Puede visualizarse del siguiente modo, cuando dos cursos de agua convergen, el de menor caudal se deja  absorber  por el de mayor, uniéndose. Integrándose y canalizando la fuerza del otro. Lo que nos conduce a ser inatrapables  y poderosos como el agua.
De modo que lo suyo será comportarse en todas las circunstancias como una balanza de precisión, con equilibrio central, donde el punto de toque del adversario sobre nosotros se compensa a favor de nuestro equilibrio interno y lo deja siempre en “punto de presión cero”, en vacío: INATRAPABLE.
 Mientras que por la puerta de atrás rellenamos su vacío con nuestra energía: PODEROSA.
Por último, cambiante con las contingencias del entorno, adaptándose en animoso deleite, como el agua se adapta al recipiente que lo contiene, y siempre en actitud de descanso.

En este juego tan instructivo, hay que desprenderse un poco de la voluntad de si mismo, para recrear siempre la sublime TÉCNICA  de: “la máxima eficacia con el mínimo esfuerzo”.
Esta máxima sólo es posible de realizar, siendo fieles a la economía de la energía y a su sentencia minimalista “menos es más”, y que deriva de la doctrina Taoista que valora como la flexibilidad puede dominar a la fuerza bajo la filosofía del “hacer sin hacer”, hacer lo justo”, “hacer sin forzar”, “hazlo fácil”. No haciendo con más lo que puede hacerse con menos, porque no hay mayor fuerza que no necesitar fuerza, aceptando cada momento tal y como es, encontrando la oportunidad que cada momento contiene.


Y como OBJETIVO FINAL: la consecución de la tan sencilla como monumental “armonía ante los conflictos”.
Porque en realidad, los artes marciales son eso, un camino de paz y armonía donde hay que aprender a situarse en el área de confort de vencer sin combatir frontalmente, fundamentado en aprovechar la fuerza del contrario o de la circunstancia que nos opone la vida y que nosotros conducimos hasta nuestro espíritu en calma para transformarlo en algo positivo, si cabe.


La consecuencia última, en suma sobre lo argumentado es que, empujar se refiere a “tocar el eje central” con energías relativamente mansas. Y sobre todo, mansas por un motivo, por el motivo de privilegiar la sensibilidad espiritual y no caer en la agresividad más grosera.
Todo lo antedicho es lo que conlleva la expresión que en principio parece un poco burda, “empuje de manos”. Pero que ahora nos parece de una hermosura sublime.
Como puede verse, todo depende de lo que nos inspiren las palabras. De la fuente inspiradora del decir que trato de regalarle a su mente y a su corazón.

Ya habíamos sugerido que no se trata de empujar alegremente y groseramente a las personas, sino de optimizar el movimiento natural, y refinar el espíritu en un genial juego, que afina el órgano de la percepción interna hasta límites insospechados. 
Por tanto, la conclusión que podemos extraer es que la maravillosa experiencia del “empuje de manos” alude a acciones no precisamente de empujar. La sutileza del Tai-chi nos ha inducido siempre a entender lo que se quiere decir, no lo que se dice.
 Pensar es fuente del decir y hay que conocer lo que esconde la fuente íntima de ese decir.
Y esa fuente del decir es la que quiere expresar que el “empuje de manos” es un  flujo, un “baile sensible”, ingenioso y extremadamente sutil, que se desarrolla
en una curva fluida infinita.
Una curva donde no hay principio ni final.
En paralelo con una eterna quietud interior en suspenso,
 mientras lo que fluye, fluye por fuera.
El flujo dinámico exterior se siente muy quieto en el interior, arraigado en el interior.
Se siente la quietud dentro del movimiento.
Hasta que movimiento y quietud se transforman en una sola cosa.
Ahora dondequiera que vayas, siempre puedes retornar a esa hermosa sensación de calma fresca y eterno presente.
Una vez experimentado, ya es propiedad de uno mismo y se puede llevar con uno mismo todo el tiempo.
Y… mientras el flujo sigue, siempre hay un YO CENTRAL en calma...
Siempre un YO CENTRAL en calma.

Todo para señalar y enseñar al  practicante a abrazar  la  aguda capacidad   de  escuchar y comprender la  intención,  profundidad  e intensidad de la energía de los demás y el YO CENTRAL en calma. Para a continuación, poder cambiar confortablemente con ella y transformarla a favor de uno mismo. Y de paso adquirir un bienestar general muy saludable, a base de aliviar y liberar las propias tensiones exteriores y abrazar el YO CENTRAL en perfecta calma chicha. Y es así como el objetivo del “empuje de manos” conviene en perfecta armonía con el reto del hombre, que no es más que la calma ante la adversidad.

De modo que cuando llegue la fuerza externa, en lugar de defenderse, de rechazar, de resistir o de escapar; hay que recibir amablemente, como el que recibe a un buen huésped. Traer su energía al centro para absorber y hacer girar todo el cuerpo sobre el eje central para cambiar toda la acción contraria a nuestro favor. Y eso será posible con escuchar lo que el otro propone para cambiar con ello. De modo que como ha quedado demostrado en un principio que pensar es fuente del decir, no estaría mal que perciba la realidad sensible de lo que digo, para intuir cual es la fuente de mi “pensar”, que me lleva a “decir” que dos valores son importantes en el Tui-shou y en la vida: escuchar y cambiar.
                        
                                    Artículo Original de 
                                     Félix Bargados
                             Todos los derechos reservados.



CONTINUARA…

La vida interna del karate secreto.

LA VIDA INTERNA DEL
KARATE SECRETO
                                             


“Ser es ramo del pensar…y del sentir”

Se me antoja sencillo añadir en cuanto a esto, que los pensamientos echan raíces en palabras, y estas germinan en acciones. Las acciones florecen en hábitos y estos subliman en carácter.

La filosofía del KARATE SECRETO y del  arte marcial en general por extensión, es ese amor al saber tan especial que nos estimula a indagar sobre verdades de la vida, sin despreciar, pero sin atender a creencias típicas de la fe religiosa y sin las restricciones científicas a campos teóricos concretos probados más allá de toda duda razonable.
La filosofía del arte marcial, cualquiera que sea, atiende a cuestiones capitales de la vida secreta interior que nuestro órgano interior de la percepción fina, atisba, si estamos muy alerta, porque siempre están delante, o mejor detrás, de nuestras narices si las sabemos ver. Y de este modo, nos brinda un buen camino de vida como regalo de transformación interior, al esclarecer nuestro pensar y enseñarnos a actuar de una nueva forma edificante.

Los artes marciales son como las raíces de un árbol, todas llegan tarde o temprano al tronco, donde comparten el mismo tesoro filosófico que ha sido dado a todos, pero que ya ha sido olvidada por algunos. Esta filosofía marcial que nos seduce es filosofía de la vida que cualquiera podría deducir por si mismo. Apta para todos, sencilla. No es la típica senda con muchas intersecciones que conducen de la nada a ningún lado, ni como el típico tópico:
Acaba el profesor de filosofía de dar una conferencia y añade
-Bueno ya está, si ustedes me han comprendido bien, es que me he explicado mal.
Esta es filosofía sencilla. Es la filosofía del hombre existencial que busca armonizar consigo mismo y con el universo para florecer con sabia nueva en todo su esplendor hacia la propia rama personal de cada uno en busca de luz.

 Demos cuenta de como el TEGUMI (combate) del KARATE SECRETO está imbuido de la filosofía china que también abarca al Tai-chi, Xhin-gi, Pa kua y artes similares que no han perdido su esencia original con el paso del tiempo, y el paso de una cultura a otra.  Y yendo más allá, debo añadir que todo lo que aquí se dirá, aunque está enraizado en los artes marciales chinos, no es privativo del arte marcial chino, ni del arte marcial en general, sino que tiene un valor humano de alcance universal y nos concierne a todos por igual. Porque se trata de ver la realidad tal y como es, en toda su simpleza y complejidad.

Pues bien, esta filosofía nos tiende un puente dorado para la vida óptima, lleno de plena aceptación de la propia responsabilidad, y de asentimiento sobre las consecuencias de los propios actos; motivando al karateka a encontrar su  particular camino “DO” del KARATE-DO. Y a conducir el fluido de su propia vida al estado de mejor bonanza, en armonía con el ritmo que opera en toda la existencia, evitando  el peligro de la “actitud reactiva”, que en un sentido más prosaico se entiende como sigue:
Si le dan un improperio, usted respondiendo con la recíproca, da otro en respuesta.
Si alguien famoso usa una moda concreta, usted también.
Eso sería reaccionar por reflejo condicionado como lo haría el perro de Paulov. Las glándulas salivales, se activan al ver la comida y oír una campana, hasta que después de varias repeticiones del fenómeno, sus glándulas salivan con solo oír la campana. Ser reactivo es vivir con el piloto automático puesto o dejarse arrastrar por la corriente, dispararse como un  automatismo en ese acto reflejo involuntario que es un verdadero riesgo para el artista marcial consumado.
El riesgo de la sensación de no tomar las riendas.
La sensación de nos ser el dueño de uno mismo.
Ser presa de la reacción.
Ser prisionero.


Provechosa nos parece en cambio la “actitud proactiva” que nos propone el KARATE SECRETO y el arte marcial verdadero, en general. Su gloria consiste en controlar la reacción como un reflejo dirigido pero sin intervención de la mente, sin dejarse llevar por la corriente, sin dejarse llevar por la bestia interior y por su respuesta automática. Calcular las necesidades, ser diligente, pero actuar en el preciso momento y con la acción adecuada en fuerza y velocidad, no siempre al límite de las posibilidades. Traducido esto al arte marcial puede entenderse con el ejemplo de que, si le lanzan un reloj de oro, lo coge al vuelo con la precisión y prestancia que merece ese objeto valioso, pero si le lanzan un erizo de mar que pincha, se apartará y no lo cogerá. Así de fácil en esa situación, aunque para transferirlo a toda situación de la vida hay que tener la audacia de entrenarlo en EL KARATE con el rigor que se merece.
La audacia de sentirse tomando las riendas.
La audacia de ser el dueño y señor de uno mismo.
La audacia de poder elegir.
La audacia de ser libre.
LIBERTAD.

Ahora, si se trata de dar un paso más, lo suyo es añadir que,
no hay que resistirse, sino moverse en acción favorable. Moverse de acuerdo a las cosas (Ju).
Con la suavidad de no interferencia.
Y esto significa vivir la vida cotidiana, en vez de seguir un propósito que no hay que estar en oposición frontal a ningún problema, pero tampoco quedarse quieto. Hay que fluir con la corriente del río.
No dejarse.
Fluir con los acontecimientos cautiva por su elegancia.
En constante flujo de benéfica calidez.
Sin embargo la paradoja se disuelve significativamente cuando entendemos que hay que actuar proactivamente, pero con la suavidad de ir siempre a favor de las circunstancias. Eso es fantástico. Eso es “Ju”.
La suavidad de un flujo del que emana la calma.
Fluyendo en armonía.
FLUYENDO.

Lo dicho puede parecer paradójico cuando se combina con la siguiente maravilla de la filosofía del KARATE SECRETO para la vida, esta  es que, haya que hacer lo que haya que hacer, hay que hacerlo sin esfuerzo (Kiawase).
No hay que insistir, hay que actuar a favor.
En armonía, como se suele decir al estilo de sabiduría china: haciendo sin hacer.
Así, en el TEGUMI se enseña brillantemente a actuar con la energía elástica sutil en vez de la fuerza bruta.
Haciendo sin hacer.
En acción apaciguada con la corriente de la vida.
La clave del éxito es que en todas las circunstancias cuando fluimos con la corriente, hay que dirigirse a la orilla del río que nos arrastra, sin esfuerzo, sino más bien con pequeñas brazadas con calma, vigor y plenitud que no se opongan a la corriente.
En una acción favorable a la corriente.
 Y en base a esto, hay un placer en comportarse como el agua, suave y no dejar rastros de actividad que nadie puedan usar contra uno mismo, “haciendo como si no se hiciese” y “viendo como si no se viese”.
Actuando sin actuar.
Haciendo sin hacer.
SIN HACER.


Y seamos conscientes en paralelo que, cuando se actúa desde el “Ju” todo se vuelve espontáneo desde lo más profundo del corazón (Hen-o).
Con la libertad absoluta de sentirse muy espontáneo y natural.
Demos cuenta con todo que la naturaleza, el corazón, el estómago funcionan automáticos en el sentido de espontaneidad. Permitamos que nuestra mente también funcione automática.
De manera perfectamente natural y transparente.
Es decir, saltar a posta hacia el desconocimiento del prejuzgar, rompiendo las cadenas que nos atan a ciertos pensamientos y sentimientos, aunque la verdadera excelencia consiste en no permanecer en la doble atadura del “deber de no estar atado”. Porque estar atado es una atadura, y el deber de no estarlo, otra.
Con espontánea transparencia.
Hay que entregarse al vértigo fantástico de ser como la superficie del agua que refleja todo y no atrapa nada. Quiero decir con esto que la mente puede pensar lo que quiera y sentir lo que quiera, faltaría más, pero hay que estar desligado de ello. Sólo así la mente libre puede ser espontánea y que funcione por si misma.
Con una vibrante espontaneidad de belleza humana específica.
Como esquivar espontáneamente un objeto que arrastra la corriente de agua contra nosotros, o como cerrar los ojos en protección cando una rama llevada por el agua impacta contra nuestra cara.
No debe haber deseo de actuar.  Simplemente espontáneo.
Ni de dudar. Simplemente espontáneo.
Ni pasión que nos apegue a algo, abierto a todo y apegado a nada, espontáneo.
Y permanecer totalmente receptivo, con la holgura de una copa vacía presta a ser llenada. Con sencilla espontaneidad.
Totalmente espontáneo.
ESPONTÁNEO.


Para ello hay que limpiar cuidadosamente la mente con la meditación (Mokuzo). Y desarrollar con asombro desinteresado, una intención fuerte con el exquisito “trabajo con la energía interna” (Kiko-geiko) para cuando se actúa. Esa intención debe ser como estar en el mundo sin ser de este mundo.
Calmado en el interior.
Como la propia luna reflejada en el agua. Puede que las aguas se muevan, pero la luna mantiene su quieta serenidad, respondiendo a los mil cambios del agua imperturbable.
Solo escuchando la clama.
Ese es el concepto de “Tan-tien” en artes marciales.
Mientras se escucha la mente se acalla más y más.
 Permanecer imperturbable en el centro del huracán de las situaciones  con el “espíritu como la luna” (TSUKI-NO KOKORO). Existe sin embargo, otra traducción del “espíritu como la luna” que no se contradice con lo anterior, sino que más bien la completa. Esta es la imagen que nos evoca que el espíritu debe abarcar todo lo que nos rodea, al igual que la suave luz de la luna ilumina todo el paisaje. Y aunque las nubes de temor y nerviosismo se interpongan, percibir el todo más que las partes, al igual que con la fría luz de la luna se percibe el todo no los detalles.
En silencio sólo escuchando.
 A menudo se olvida que es más importante es ver que mirar. En el ámbito del TEGUMI se dice: “como mirar una montaña lejana”, e imperturbable, que nunca nos roben una mirada. Es este estado de desbordante vivacidad de la mente (Shin) que se refleja en la brillantez del rostro y se manifiesta en la chispa alerta de los ojos de mirada feliz. Y es el típico aire de poderío digno que se aprecia el toque de majestuosidad de un león en alerta, aunque más refinado y de benéfica calidez; dispuesto a actuar con la belleza extraordinaria de un reflejo en el espejo.
Sigamos escuchando hasta que la mente se quede calmada.
En tal sentido, la mente podrá disponer esa limpieza y seremos capaces de  contemplar la vida desde esa libertad, fluidez, adaptabilidad de manera que seamos uno con el entorno, y trascendamos hacia la doctrina del vacío.
La calma del vacío.
CALMA TOTAL.


El vacío (Kara) es el común denominador, y un recurrente hermoso en el KARATE. Y de ahí el termino KARA de KARATE, con su entrega habitual a los ejercicios de silencio interior.
Un silencio existencial.
Y al igual que el valor de la casa son sus paredes, pero la utilidad de la misma es su vacío interior; el valor del KARATE puede que sean sus posturas, pero la utilidad bienhechora reside en el tremendo interés viene del molde intacto, del molde sin tallar, del vacío.
Un vacío que aún en el tumulto se escucha en silencio.
Aún en la acción más violenta se escucha el silencio.
En el vacío silencioso no hay nada, pero todo proviene de él. De modo que el vacío, más que vacuidad es plenitud. El vacío está pleno de vibrante vida y de amor por todo. Y esto es porque no tiene contrario. Y como el bien y el mal duermen en la misma cama…es necesario aceptar los contrarios de toda situación, reposar en el vacío entre ambos y así poder balancearlos.
En un silencio que surge espontáneo.
El vacío puede abarcarlo todo y todo proviene de él.
Cualquier sonido puede llenar ese vacío total.
Cualquier acción puede llenar el aquietamiento total.
Puede abarcar ambos opuestos, el IN y el YO, y no hay nada excluyente en él. Es así como llegamos a la conclusión de que hay que aceptar las cosas en silencio, como son, el IN y el YO, y las personas. Sobre todo hay que tomar a las personas como son, no existen otras.
Mientras nosotros seguimos en la aceptación de todo a través del silencio.
La mente se aquieta más y más en el silencio.
El silencio más absoluto.
Sólo silencio.
SILENCIO.


Y ahora que nos hemos metido de lleno en la idea de los opuestos (IN-YO), nunca se ha subrayado lo suficiente que “no se consigue algo por nada”. Desde la noche de los tiempos esta idea se conoce como la “ley del efecto contrario”. Se fundamenta en que si alguien se excede un poco en algo, genera el efecto contrario.
De modo que el equilibrio brille con luz propia.
La explicación a este fenómeno natural es que todas las cosas de la naturaleza son producto de dos polaridades Y esto es fácil de entender. Sabemos que no se puede decir deshonroso sin decir honroso, y  sólo si algo es feo es porque se compara con lo bello. Y todas las cosas se pueden nombrar porque tienen su contrario. Lo alto es en relación a lo bajo. De modo que cuanto con más intensidad hacemos algo, más pronto aparecerá su contrario.  En cuanto llega a la cumbre, si sigue caerá por la ladera opuesta.
Dicho así y como no puede ser de otro modo, todo polo tiene en su interior el  germen  de su  opuesto.  Es  decir, incluso a pleno día hay oscuridad en las sombras, y a medianoche encontramos siempre un resquicio de claridad.
Todo se mueve hacia el opuesto. En la rueda de la vida, las polaridades están en continuo cambio y movimiento. Tal y como se expresa en la filosofía oriental: “después de la fama viene la difama”. Todo triunfo comporta en su interior la semilla del fracaso. Por eso conviene aprender a mantener un equilibrio de funambulista, unas veces ir a la derecha y otras a la izquierda. Y por tanto conviene no hacer nada al máximo y saber detenerse a tiempo.
El equilibrio es la bendita experiencia que necesitamos.
Dado el excesivo desequilibrio que tiene el ser humano hacia el lado visible, exterior, fuerte y tenso de la vida es mejor tomar  primero consciencia del otro lado, suavidad, interiorización, relajación (IN). Para finalmente lograr un equilibrio entre ambos.
Un equilibrio que transforma al hombre.
Porque, si estamos dispuestos a permanecer en el centro de cualquier hecho, en equilibrio balanceado, entonces podemos ver los dos polos de cada cosa.
Un equilibrio que integra en fantástica aceptación.
Y entonces la moderación en seguir el camino del medio será posible. Ni mucho ni poco.
El equilibrio justo.
Porque la vida florece del cambio y el cambio es posible por los desequilibrios. Pero estos deben estar balanceados.
En equilibrio justo.
Sólo equilibrio.
EQUILIBRIO.
      

En definitiva, la solución simple a todo problema complejo, es ser uno mismo, que la mente no se vea entorpecida por los objetos externos ni perturbada por las ideas o emociones. Liberarse del apego sin temor. De este modo, cuando alguien se funde en todo lo que está haciendo, se transforma en ser, asimilar las cosas a nuestra naturaleza (“TE” de KARATE). En lugar de hacer, “ser”. Ser KARATE en lugar de hacer KARATE. Valga como ejemplo de entre los muchos, el de un niño que, como cualquier niño sano puede bailar con frescura sin necesariamente saber bailar. Eso es natural, su fase primitiva. Pero sus padres avezados en el ideal del: “No hay porqué bailar, pero de bailar hay que bailar bien”, optaron por llevarle a una escuela de danza para que aprenda a bailar. Entonces cuando baila, podrá ser menos natural que antes. Más  antinatural porque esta desarrollando su fase sofisticada. Sólo cuando olvide la danza rígida, podrá ser un artista, podrá tener no-técnica. No a no tener técnica, sino a tener no-técnica, y tener la bendita experiencia de ser libre como el encanto de niño que fue en un principio.
Libre de ser en lugar de hacer.
Y esto es la explicación que se entiende de la tan famosa cita oriental:
Al principio ví las montañas como montañas. Después las montañas ya no eran las montañas y al final las montañas volvieron a ser las montañas.
De esta cita se puede extraer que:
Al principio un puñetazo era un puñetazo. Después el puñetazo ya no lo era, sino que era un Zuki. Después el puñetazo volvió a ser el puñetazo.
Es decir, primero se viene de ser natural sin saber nada. Después se aprenden los patrones, y por último se disuelven los patrones para volver a ser libre y natural.
La libertad natural de ser.
Eso es el “TE”. Y no hay mejor filosofía, ni menor lastre, ni mayor regalo que esta vivificante virtud.
La de ser en lugar de hacer.
Ser KARATE en lugar de hacer KARATE.
Sólo ser.
SER.


Tampoco está de más que plantemos cara a los dos tipos de ordenamientos en la vida. El primero huele a “desesperación ordenada y perfeccionista”. Que es el ordenamiento perfecto de las cosas que bulle desde el fondo de nuestra la cabeza, tal y como bulle la lava candente.
Lo suyo es reconocer que este ordenamiento mental de las cosas que nos rodean es demasiado perfeccionista y cuadriculado para ser natural y espontáneo. Cuando un lego con opiniones ya formadas, realiza un movimiento de KARATE, en su mente instantánea preconcibe como una sombra, la dinámica perfecta o correcta de hacerlo a las más altas instancias.
Mientras que, por el contrario, la verdadera forma del KARATE carece de imagen preconcebida y de forma dogmática. Se adapta como el agua. De ahí el dicho sugerente de “ser como el agua” (MIZU-NO-KOKORO). El agua no posee una imagen preconcebida de adaptarse a las cosas. El agua se adapta al recipiente que lo contiene sin imagen preconcebida. Y además queremos entenderlo y juzgarlo todo según entendemos las palabras. Las palabras no vienen mal, lo malo es entenderlo todo con juicios de palabras, y de ahí surge el mundo de maya que nos acerca peligrosamente al predominio del alma detestable de nuestro ego, separado del mundo real.
Queremos que una técnica de KARATE o un asunto de la vida se perfile definido con perfección geométrica y que nos digan el comportamiento exacto y dogmático que debemos de tener. O sea, que nos enseñen el camino perfecto y a ser posible, el mismo para todos.
El otro lado de la cuestión es el ordenamiento del mundo que obedece a su bella e imperfecta complejidad (Wabi-sabi). Como las betas de la madera o la fibra muscular. En definitiva, que en la corriente de agua  que nos arrastra, no hay que nadar perfecto, hay que nadar bien, acorde con el flujo. Y como el flujo no es geométricamente perfecto, nuestros movimientos al nadar tampoco, porque tiene que ceñirse al flujo. Así es la naturaleza, y también nuestra naturaleza básica, imperfectamente ordenada.
Una imperfección de hermosura autenticamente humana.
Sustancialmente diferente para cada uno de nosotros y ligeramente diferente para cada momento particular.
De autenticidad vibrante.
Es evidente que estamos en una filosofía donde el camino a seguir es el camino de cada uno, el camino de otros sienta como el agua al aceite, pero el camino de cada uno es como agua para chocolate, porque nadie coincide pintando dos mapas iguales sobre el mismo territorio.
Cada cual es auténtico. Y la autenticidad es lo natural.
Una autenticidad imperfectamente humana.
Autenticidad humana.
AUTENTICIDAD.
Para completar el panorama, hay que agregar que, el ARTE MARCIAL, sea el que sea, nos enseña a dejar de analizar para actuar, evitando así los momentos de “parálisis por análisis”. Nos enseña a actuar sin interferencias de la mente, como podría ser querer hacerlo todo perfectamente bien. Pero como nosotros ya sabemos que lo perfecto es enemigo de lo bueno, hacerlo bien es una interferencia.
Así que, mejor expresarse con honestidad y transparencia, y en este proceso, uno auto-descubrirá lo que molesta desde el ingrato rincón del ego. De modo que, al final la filosofía del ARTE MARCIAL cumple un doble propósito:
Expresarse y conocerse.
                                  Artículo Original de Félix Bargados

                             Todos los derechos reservados.